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Si has llegado hasta aquí es posible que la idea de viajar al Sudeste Asiático te ande revoloteando en la cabeza.

Lo primero es que, de ser el caso, quiero que sepas que me das mucha envidia 🙂

Vamos a hablar un poco del tema post viaje, que es igual si no más importante que el viaje en sí. ¿Qué es lo que vas a traerte de vuelta en la maleta a parte de souvenires?

Reformulémoslo así:

 

¿QUÉ 6 COSAS VAS A HACER EN EL SUDESTE ASIÁTICO QUE VAN A TENER IMPACTO SOBRE TU PERSONALIDAD?

 

No me entretengo más, vamos a por la chicha. ¡Go!

 

 1. Experimentar la calle de otra manera.

En el Sudeste Asiático hay una cosa fundamental que se hace en la calle que en occidente no hacemos: comer. Y no me refiero a cogerse un sandwich en el super y comérselo por la calle, sino a sentarse, con tu mesa y tu silla en plena acera, y a veces hasta carretera.

Comer en la calle lo cambia todo. Comer en la calle es vivir en la calle. Todo se vuelve más cercano. Las rigideces típicas de los restaurantes no existen. El hecho de que comer en la calle sea parte del día a día de la gente local lo hace algo campechano, cercano e imperfecto.

Que tu primera colega local sea la señora que te sirve tus primeros noodles, cuando aún no sabes dar ni los buenos días, es de lo más normal.

Vivir en la calle te hace interactuar con ella. No es un lugar de paso para ir de casa al trabajo. En Tailandia mismamente la mayoría de las casas no tienen cocina, sino que todo se reducen al dormitorio y un cuarto de baño. La sala de estar no está en casa, está ahí fuera. Se bienvenida al club social más grande en el que has estado nunca: la calle.

 

2. Hacer cosas sin más compañía que la tuya propia.

En occidente hay una especie de pavor generalizado a hacer cosas en solitario. Ir solos al cine, a comer, al teatro, de viaje, etc. Incluso leí en una ocasión que ya se le había puesto nombre a un fobia asociada al concepto de comer solo o sola en público.

¿Qué vas a encontrarte allí? Pues a gente que va a comer a un restaurante sin llamar a todos tus colegas, por ejemplo.

¿Que te aporta a ti hacer cosas solo o sola?

Normalizarlo. Dejar de no hacer cosas por no tener alguien con quien hacerlas. Actuar más y pensar menos. Independencia, vaya.

 

3. Dejar de justificarse ante los demás y aceptar las situaciones tal y como son.

Casi todos los asiáticos y asiáticas que me crucé en mi viaje tenían algo en común: No parecían tener la más mínima intención de aparentar ser lo que no eran.

Si algo les fastidia, si algo en sus vidas no les gusta, no lo esconden. Te lo cuentan, y eso se contagia.

Está bien darle un respiro al coco. Puedes empezar a soltarte y compartir tus sueños, tus dudas y lo que sueles guardar bajo llave. Allí no se preocupan tanto porque haya cosas que quieras cambiar o que te generen tus dudillas y desasosiegos.

Aprovechémoslo y traigámoslo de vuelta 🙂

 

4. Entender mejor tus raíces a base de ir contándolo por ahí.

A menos de que te tires tus días de hotel en hotel viajando en primera clase lo normal es que te encuentres con gente local deseando por saber cuál es tu historia. De dónde vienes, si estás casado o casada, por qué no tienes hijos aún, de qué trabajas, cuanto cobras. La gente asiática es súper curiosa, y mi experiencia dice que dejarte tranquilo no está entre sus prioridades.

Vas a hablar de tu país y de sus cosas. Igual te toca cocinar tu primera paella por haber nacido en España (tú ni pajolera idea, pero para eso está el Youtube). Lo que no sepas ya lo aprenderás a marchas forzadas.

Seas de donde seas vas a llevar colgada la etiqueta de occidental, un especimen raro que no se suele ver mucho por allí. Siempre puedes ser un muermo y pasar de todo y de todos, pero eso es un rollo y tu no vas a hacerlo. Vas a alucinar con lo que significa ser espejo de tu país y contárselo a otros. Sus caras, sus reacciones, lo que les sorprende y lo que no.

 

 5. Desarrollar el criterio personal a la hora de tomar decisiones.

El caso real de montar en moto por primera vez.

En el Sudeste Asiático el alquiler de una moto un día entero cuesta entre 3 y 6 euros, según el país. Nadie te pide el carnet ni absolutamente nada. Eso si, si te la pegas, pagas.

Lo normal es que de primeras no te montes en una moto si no sabes montar, ¿no?. Bueno, cuando llegas allí y ves como el 50% de los viajeros son igual de novatos que tú, uno empieza a valorarlo de otra manera.

¿Soy verdaderamente incapaz de ésto? A lo mejor empiezas a echar cuentas de todos los años que llevas sabiendo montar en bicicleta, el peso de una scooter…sí, yo creo que podría funcionar.

Cuando sientes el viento en la cara a lomos de tu flamante scooter verás lo que se siente. ¡Que te quiten lo bailao!

 

6. Encontrarte más y más cómodo/a fuera de tu zona de confort.

Quejarse no vale de nada.

¿No enterarte de absolutamente nada? ¿Pedir comida sin picante y que aquello sea puro fuego? ¿Contratar un tour y que no aparezca nadie? ¿Que no te timen?

Lamentablemente pasa, así es la vida. Y como a nadie le mola que las cosas le salgan mal, al final todos tomamos cartas en el asunto.

De estar perdido y sin rumbo a convertirte en un hacha de la comunicación gestual, ser capaz de buscarte un transporte alternativo si tu autobús pincha una rueda, saber cuál es el precio justo de las cosas para que no te toreen, ir generando un arsenal de trucos para cruzar una frontera sin dejarte engañar entre estafas y papeleos. De tó.

No vas a salir de tu zona de confort en un solo entorno, sino en mogollón. ¿Qué ganas? Hacerte resistente a prueba de balas. La próxima vez que te veas ante un marrón va a tener que ser bien grande para que te vengas abajo. Ya has superado mil y un problemas, tus penurias y quejas de tiempos pasados no van a frenarte a estas alturas de la vida.

 

Ya están, las seis. Qué dices ahora, ¿te apuntas?

Pablo Bienz

Pablo Bienz

Tengo la convicción de que el mundo se mueve hacia una escala de valores cada vez más humana.

Escribo con el propósito de conectar a todas aquellas personas que quieren dejar de imaginar para pasar a ser partes activas de un cambio real.
Pablo Bienz
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