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Bangkok. Guía alternativa para disfrutar y explorar la capital de Tailandia.

Bangkok. Guía alternativa para disfrutar y explorar la capital de Tailandia.

 

Bangkok es la ciudad de los contrastes. Tiene de todo, de la A a la Z. Antes de ir ya me dieron toda clase de consejos: Está llena de turistas, es impresionante, es un dolor de cabeza, no hay más que ruido, todo el mundo te quiere timar, está llena de turistas borrachos, pírate en cuanto puedas, quédate más.

La única manera de clarificar las cosas era verlo por mi mismo, así que allí me planté.

No voy a negarlo, mis primeros días en Bangkok fueron intensos y difíciles a ratos, y me enseñaron la primera y más valiosa lección del viaje: cada uno ve lo que quiere ver.

Resultó ser que casi todo lo que me dijeron era verdad, salvo lo de los timos, y que en Bangkok, efectivamente, hay de todo. Centros comerciales impecables junto a mercados en los que todo se expone sobre el suelo. Restaurantes italianos custodiados por kioskos de higadillos a la plancha, huevos rosas a la parrilla o pinchos morunos de cualquier cosa que se pueda trinchar. Lo elegante y lo decadente, lo occidental y lo oriental, tradición y modernidad, turistas y locales. Todo.

A continuación va una lista de cosas que a mí me gustaron en base a mi propia experiencia. Debo decir que no fui con una lista de templos que ver, ni hice los recorridos habituales ni me di un masaje en los pies. ¡Ni siquiera me comí un triste saltamontes!

 

GUÍA DE QUÉ VER Y CÓMO MOVERSE POR BANGKOK DESDE OTRO PUNTO DE VISTA

 

Ir al Palacio Real

En Octubre de 2013, murió el rey de Tailandia. Hay un luto oficial de un año que, entre otras cosas, implica vestir de negro, o blanco en su defecto, y limitar la música y la fiesta en los bares. No voy a entrar en la vida del rey, que no la conozco, pero si puedo asegurar que el país está volcado con él, vaya que si se nota.

El Palacio Real es el epicentro de todo el asunto, donde están y estarán durante un año sus restos mortales. Para ver la capilla ardiente del rey hay una cola de 6 horas, que no bajan a ninguna hora del día. Sin embargo, con darse un paseo por los alrededores ya vale para quedarse flipando con la que tienen montada.

Miles de personas de negro por todos lados, incontables grupos de voluntarios que te dan las gracias incesantemente sólo por estar allí, policías, monjes, turistas, etc. Todo hospitalidad. De los voluntarios, y de otros tailandeses aleatorios, recibí comida, bebidas de todo tipo, agua y un bote de bálsamo medicinal. Incluso había un grupo de voluntarias con un cartel en el pecho que decía ‘hablo inglés, ven y pregúntame’, así que allí que me acerqué a una de ellas, a soltarle todas las dudas que había ido maquinando entre tanto. No sé cansó de mí, o al menos no se le notaba 🙂

Recorrer con paciencia Kao San Road

Sí, la mítica Kao San Road, la calle de los turistas, o mochileros, donde es prácticamente imposible ver a alguien tailandés que no esté trabajando. Evité esta calle durante cuatro días precisamente por esta razón, y tal vez por eso cuando decidí acercarme a husmear me divertí como nadie.

De día es un auténtico zoco: Birmanos que te piropean para venderte trajes de Armani a medida, bandejas de escorpiones fritos o pulseras con mensajes tan románticos como ‘tu madre es una gorda’ o ‘me gusta el semen’. Recomiendo pasearla de punta a punta unas cuantas veces, muy despacito y tomárselo con humor. Hablar un poco con el sastre birmano, cotillear escaparates,… da un poco igual. O directamente sentarse en el suelo y ponerse a mirar. Un auténtico espectáculo que a mi me tuvo absorto durante varias horas.

De noche se convierte en un vergel de bares con la música a toda pastilla, turistas poniéndose hasta las cejas y tailandeses nuevamente vendiendo de todo. Globos de Nitrógeno, o laughing gas. Mogollón de puestos vendiendo laughing gas. Yo no podía parar de partirme de risa viendo el éxito del negocio. Siguen más escorpiones fritos, comida de todo tipo, peluqueros callejeros que te hacen figuritas en el pelo a las 3 am,… un auténtico show.

Coger el barco taxi que recorre el río

El metro/Sky Train no llega al casco antiguo de Bangkok, así que la mejor opción en precio y rapidez es pillarse un barco taxi. Se coge en la parada del Sky Train ‘Saphan Taksin’, como si de un transbordo se tratara.

El barco cuesta unos 45 Baht, y hay que montarse en el que tiene una bandera naranja en la parte de atrás. Cuidado con las compañías que ofrecen tours por el río, o el mismo trayecto en barcos de época, ya que cobran el triple.

Para saber en qué parada bajarse hay que hilar fino. El Palacio Real, por ejemplo, es en teoría la novena; pero mi barco debió saltarse unas cuantas porque a mí no me salían las cuentas. Acabé por fijarme en el mapa que llevaba encima e interpretar las curvas del río para saber dónde estaba. En la parte de atrás del barco hay un empleado que controla la entrada y la salida y no se mueve de allí, si estás perdido él es tu hombre.

Las vistas son una pasada, se ven un montón de templos, el ajetreo de barcos que tiene el río -¿y qué no?- y además es un medio de transporte local real, que usan cantidad de tailandeses.

Perderse por las callecitas entre los canales

Los canales y riachuelos urbanos son minas de oro de donde emergen pequeñas calles y barrios de lo más singular, muy poco frecuentados. En mi caso, el mejor rinconcito que encontré fue una calle que va pegada al río -a veces por encima- en algún punto entre Hua Chang Bridge y Phanfa Bridge.

Hay un barco que hace un tour por dentro del canal. No tiene mala pinta, pero va a toda pastilla. Lo que se ve andando es otra historia. Son entornos muy decadentes y con un aspecto un poco lúgubre, pero de mucha belleza y con gente y familias muy auténticas.

Andar mucho y perderse en general

Bangkok no son las ramblas de Barcelona. Ir del punto A al punto B suponiendo un rumbo, digamos por ejemplo Noroeste, no funciona si queremos optimizar nuestro tiempo.

Cruzar mares de motos por puentes elevados que nunca bajan a tierra, calles cortadas -muchísimas calles cortadas para tratarse de una ciudad-, otras con curvas imposibles que nos llevan en círculos…Nada práctico . ¿Pero quién ha hablado de practicidad? Bangkok está llena de pequeños tesoros, de pequeños templitos, de gente echando una partida de ajedrez en el suelo o cualquier cosa; lo que sea. Hay que andar la ciudad, al menos de vez en cuando, y no dejar de perderse esta cara a veces no tan visible.

Probar todo tipo de comida

En Tailandia se come en la calle, las casas no suelen tener cocina.

La consecuencia de ésto es que hay miles, millones de puestos de comida callejera. En un palo, en una bolsa, en cuenco, plato, tabla, hoja; si se puede comer, en Bangkok lo tienes. Desde mango con sabor a aceituna hasta salchichas de arroz pero con la tripa del cerdo.

Cógele el gusto y prueba todo lo que veas, cuanto más raro mejor. ¿O te has recorrido medio mundo para comer hamburguesa y patatas fritas? Es barato, práctico y encima divertido. Yo cuando descubrí que mi salchicha era de arroz me entró un ataque de risa que casi echo los granos por la nariz.

El barrio chino

Si quieres una escafandra de buceo para perros, el barrio chino es tu lugar. Yo aparecí ahí por error. De camino al metro una fuerza me arrastró casi sin darme cuenta hacia el interior de un mercadillo inmenso del cual no fue nada fácil salir. Había de todo, pero de todo. Una réplica exacta de tu pene en 20 minutos, álbumes de fotos con fotos dentro, luces, cables, clavijas, disquetes de ordenador,… Me podría haber tirado allí días, uno por la fascinación y otro porque no había manera de salir de aquel laberinto húmedo y oscuro lleno de tenderetes. Hay otro mercadillo aún más grande que se monta los fines de semana al norte, en Chatuchak. No me lo quiero ni imaginar.

 

Esto es un breve resumen de algunas de las muchas cosas que se pueden encontrar en esta caótica y maravillosa ciudad. Si quieres complementar la guía de alguna manera, o simplemente dar tu punto de vista, no dudes en dejar un comentario. ¡Los respondo todos! 😀

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