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5 razones por las que deberías empezar a viajar solo

5 razones por las que deberías empezar a viajar solo

Tanto si ya eres un experto como si te empieza a rondar por la cabeza, seguro que ya habrás oído comentarios al respecto de viajar solo. Comentarios del tipo ¿te has quedado sin amigos?, ¿estás en un trance espiritual? o ¿no tienes miedo de estar tanto tiempo sin hablar con nadie?

Aquí van 5 razones probadas por las cuales viajar solo es más que beneficioso, por si necesitas ayuda para convencer a tus padres, a tus colegas, o incluso a ti mismo/a.

1. Viajar solo es un ejercicio de estimulación mental sin igual.

 Imagínate que un día te levantas de la cama y descubres que tus piernas no responden. Tus gafas de ver están en la estantería, pero no llegas, así que no ves un pimiento. Tienes que entregar tu proyecto final de carrera y te queda una hora. Apáñatelas.

Es un ejemplo ridículo. Dentro de la rutina del día a día es difícil encontrar una situación donde haya que exprimirse a fondo para salir adelante. En un entorno cómodo y conocido, como tu ciudad de toda la vida, lo normal es que no tengas que preocuparte mucho por las necesidades básicas. El resto pueden esperar, que por eso son secundarias.

Viajar es el desafío dentro de la cotidianidad, el listón está mucho más abajo. Los retos pasan a ser simplemente comer algo que te sepa bien, encontrar un lugar donde pasar la noche, que no te timen, desplazarte de un lugar a otro con éxito,…y eso todos los días. Todos los días hay que apañárselas porque no hablas el idioma local, no tienes ni idea de a qué sabe la comida que tienes delante, no están ni tu padre ni tu madre ni tus amigos para ayudarte y de una u otra manera la cagarás, pero también te las arreglarás triunfantemente de vez en cuando, y cada vez más. Te sentirás útil, solvente, apañao; y eso vale mucho.

2. Te obliga a decidir constantemente. Te hace libre.

¿Alguna vez haz hecho un viaje con más gente en el cual ibas en manada de un sitio a otro sin saber muy bien cómo ni por que? Yo sí, muchas.

Viajando solo se cierran las puertas al modo oveja. Hay que decidir sí o sí, constantemente, y todas las repercusiones te las comes tú.

Decidir es elegir en función de los elementos y de una serie opciones posibles. Si andas un poco perdido ante el rumbo de la vida no hay mejor entrenamiento que tomar más y más decisiones por ti mismo y con impacto sobre ti mismo. Si una decisión te hace más feliz, bien; si no, seguro que te acuerdas para la próxima.

El plus viajero es que viajando se va a tope. Uno espera dar y recibir el máximo. El resultado de las decisiones, acertadas o no, se maximiza, a nadie le gusta cagarla y malgastar su tiempo de viaje. Acabarás por conocerte al dedillo, te lo digo yo 😉

3. Los camboyanos dejan de ser chinos.

¿No has oído cientos de veces a gente referirse a personas de ojos rasgados como chinos?, ¿independientemente de donde sean? Si como a mí estos aspectos te rechinan no hay más remedio que plantarse allí para entender las diferencias.

¿Por qué solo? Viajando en grupo se crean hermetismos, por la sencilla razón de que el grupo da protección. Cuando estés solo y desprotegido te protegerás a ti mismo a través del respeto, la escucha y la observación. ¿Y qué pasa a través de la escucha y la observación? Pues que los camboyanos, que ya no son chinos, te ven como una persona accesible, y se acercarán a ti. Te invitarán a su casa, a dormir, a comer en una boda; lo que sea. Te invitarán a entrar en sus vidas.

4. Aprendes muchas cosas y le pierdes el miedo a muchas otras.

Yo siempre le he tenido miedo a quedarme tirado por la noche en medio de ninguna parte, sin sitio donde poder pasar la noche. Casualidades del destino un día me vi atrapado en un aeropuerto con más de 40 horas sin dormir a mis espaldas. ¿Dónde os imagináis que acabé? Pues en el suelo, no había otra, y  vaya que si dormí.

Si mi yo de hace unos años supiera donde he llegado a dormir en estos últimos meses, flipaba 🙂

¿Dónde está aquí el beneficio de viajar solo? Ni más ni menos que el de actuar siempre en base a tus propios límites. Viajando en grupo, la fobia de una persona puede truncar los planes de todo el grupo. Si Perico tiene pánico a las alturas es posible que el grupo entero deje de hacer la apasionante marcha hasta la cumbre de un volcán que tenía prevista. O sí a tu compañero Mengano le da miedo quedarse tirado en la carretera lo más seguro es que ni tu ni él hagáis autostop, sino que acabéis cogiendo un autobús.

5. Viajar solo y estar solo son casi incompatibles. Las habilidades sociales se disparan.

Estando solo o sola la gente se te acerca, estando en grupo es más difícil. Esto pasa viajando y pasa en la cafetería de tu barrio, no hay más.

Cuando uno se mueve por ahí en solitario siempre despierta el interés de los demás, se muestra accesible, es fácil de gestionar por otra gente (no es lo mismo incluir a una persona en un plan ya montado que a un grupo de 5 personas). Es decir, que en la práctica, si viajas por tu cuenta, mucha gente te va a preguntar de dónde eres, por dónde viajas, hacia dónde vas, encontrarás compañeros y compañeras de viaje, la gente de tu hostal te ofrecerá salir a cenar o a tomarte algo con ellos,… Lo realmente difícil viajando solo es estar solo.

La gente que viaja entiende que quieras relacionarte con otra gente, así que de una u otra manera la dinámica social va a llevarte a que empieces a hablar con todo hijo de vecino, aún si en un principio no te imaginaste haciéndolo.

Viajando, y más en solitario, la realidad es incierta e inesperada. Aprenderás a tallar bambú, a conducir un velero, a comer con las manos; y además te verás superando obstáculos que nunca te creíste capaz sencillamente porque no te queda más remedio.

 

Es precisamente lo que más miedo te da hacer lo que primero y más inmediatamente deberías ponerte a hacer’. Si en tu caso es viajar solo o sola, ¿a qué esperas?

¿Dudas, ruegos, preguntas? Si quieres compartir cualquier experiencia o consejo con respecto a este formato de viaje no te cortes, escríbenos un comentario. ¡Los respondo todos! 🙂

Bangkok. Guía alternativa para disfrutar y explorar la capital de Tailandia.

Bangkok. Guía alternativa para disfrutar y explorar la capital de Tailandia.

 

Bangkok es la ciudad de los contrastes. Tiene de todo, de la A a la Z. Antes de ir ya me dieron toda clase de consejos: Está llena de turistas, es impresionante, es un dolor de cabeza, no hay más que ruido, todo el mundo te quiere timar, está llena de turistas borrachos, pírate en cuanto puedas, quédate más.

La única manera de clarificar las cosas era verlo por mi mismo, así que allí me planté.

No voy a negarlo, mis primeros días en Bangkok fueron intensos y difíciles a ratos, y me enseñaron la primera y más valiosa lección del viaje: cada uno ve lo que quiere ver.

Resultó ser que casi todo lo que me dijeron era verdad, salvo lo de los timos, y que en Bangkok, efectivamente, hay de todo. Centros comerciales impecables junto a mercados en los que todo se expone sobre el suelo. Restaurantes italianos custodiados por kioskos de higadillos a la plancha, huevos rosas a la parrilla o pinchos morunos de cualquier cosa que se pueda trinchar. Lo elegante y lo decadente, lo occidental y lo oriental, tradición y modernidad, turistas y locales. Todo.

A continuación va una lista de cosas que a mí me gustaron en base a mi propia experiencia. Debo decir que no fui con una lista de templos que ver, ni hice los recorridos habituales ni me di un masaje en los pies. ¡Ni siquiera me comí un triste saltamontes!

 

GUÍA DE QUÉ VER Y CÓMO MOVERSE POR BANGKOK DESDE OTRO PUNTO DE VISTA

 

Ir al Palacio Real

En Octubre de 2013, murió el rey de Tailandia. Hay un luto oficial de un año que, entre otras cosas, implica vestir de negro, o blanco en su defecto, y limitar la música y la fiesta en los bares. No voy a entrar en la vida del rey, que no la conozco, pero si puedo asegurar que el país está volcado con él, vaya que si se nota.

El Palacio Real es el epicentro de todo el asunto, donde están y estarán durante un año sus restos mortales. Para ver la capilla ardiente del rey hay una cola de 6 horas, que no bajan a ninguna hora del día. Sin embargo, con darse un paseo por los alrededores ya vale para quedarse flipando con la que tienen montada.

Miles de personas de negro por todos lados, incontables grupos de voluntarios que te dan las gracias incesantemente sólo por estar allí, policías, monjes, turistas, etc. Todo hospitalidad. De los voluntarios, y de otros tailandeses aleatorios, recibí comida, bebidas de todo tipo, agua y un bote de bálsamo medicinal. Incluso había un grupo de voluntarias con un cartel en el pecho que decía ‘hablo inglés, ven y pregúntame’, así que allí que me acerqué a una de ellas, a soltarle todas las dudas que había ido maquinando entre tanto. No sé cansó de mí, o al menos no se le notaba 🙂

Recorrer con paciencia Kao San Road

Sí, la mítica Kao San Road, la calle de los turistas, o mochileros, donde es prácticamente imposible ver a alguien tailandés que no esté trabajando. Evité esta calle durante cuatro días precisamente por esta razón, y tal vez por eso cuando decidí acercarme a husmear me divertí como nadie.

De día es un auténtico zoco: Birmanos que te piropean para venderte trajes de Armani a medida, bandejas de escorpiones fritos o pulseras con mensajes tan románticos como ‘tu madre es una gorda’ o ‘me gusta el semen’. Recomiendo pasearla de punta a punta unas cuantas veces, muy despacito y tomárselo con humor. Hablar un poco con el sastre birmano, cotillear escaparates,… da un poco igual. O directamente sentarse en el suelo y ponerse a mirar. Un auténtico espectáculo que a mi me tuvo absorto durante varias horas.

De noche se convierte en un vergel de bares con la música a toda pastilla, turistas poniéndose hasta las cejas y tailandeses nuevamente vendiendo de todo. Globos de Nitrógeno, o laughing gas. Mogollón de puestos vendiendo laughing gas. Yo no podía parar de partirme de risa viendo el éxito del negocio. Siguen más escorpiones fritos, comida de todo tipo, peluqueros callejeros que te hacen figuritas en el pelo a las 3 am,… un auténtico show.

Coger el barco taxi que recorre el río

El metro/Sky Train no llega al casco antiguo de Bangkok, así que la mejor opción en precio y rapidez es pillarse un barco taxi. Se coge en la parada del Sky Train ‘Saphan Taksin’, como si de un transbordo se tratara.

El barco cuesta unos 45 Baht, y hay que montarse en el que tiene una bandera naranja en la parte de atrás. Cuidado con las compañías que ofrecen tours por el río, o el mismo trayecto en barcos de época, ya que cobran el triple.

Para saber en qué parada bajarse hay que hilar fino. El Palacio Real, por ejemplo, es en teoría la novena; pero mi barco debió saltarse unas cuantas porque a mí no me salían las cuentas. Acabé por fijarme en el mapa que llevaba encima e interpretar las curvas del río para saber dónde estaba. En la parte de atrás del barco hay un empleado que controla la entrada y la salida y no se mueve de allí, si estás perdido él es tu hombre.

Las vistas son una pasada, se ven un montón de templos, el ajetreo de barcos que tiene el río -¿y qué no?- y además es un medio de transporte local real, que usan cantidad de tailandeses.

Perderse por las callecitas entre los canales

Los canales y riachuelos urbanos son minas de oro de donde emergen pequeñas calles y barrios de lo más singular, muy poco frecuentados. En mi caso, el mejor rinconcito que encontré fue una calle que va pegada al río -a veces por encima- en algún punto entre Hua Chang Bridge y Phanfa Bridge.

Hay un barco que hace un tour por dentro del canal. No tiene mala pinta, pero va a toda pastilla. Lo que se ve andando es otra historia. Son entornos muy decadentes y con un aspecto un poco lúgubre, pero de mucha belleza y con gente y familias muy auténticas.

Andar mucho y perderse en general

Bangkok no son las ramblas de Barcelona. Ir del punto A al punto B suponiendo un rumbo, digamos por ejemplo Noroeste, no funciona si queremos optimizar nuestro tiempo.

Cruzar mares de motos por puentes elevados que nunca bajan a tierra, calles cortadas -muchísimas calles cortadas para tratarse de una ciudad-, otras con curvas imposibles que nos llevan en círculos…Nada práctico . ¿Pero quién ha hablado de practicidad? Bangkok está llena de pequeños tesoros, de pequeños templitos, de gente echando una partida de ajedrez en el suelo o cualquier cosa; lo que sea. Hay que andar la ciudad, al menos de vez en cuando, y no dejar de perderse esta cara a veces no tan visible.

Probar todo tipo de comida

En Tailandia se come en la calle, las casas no suelen tener cocina.

La consecuencia de ésto es que hay miles, millones de puestos de comida callejera. En un palo, en una bolsa, en cuenco, plato, tabla, hoja; si se puede comer, en Bangkok lo tienes. Desde mango con sabor a aceituna hasta salchichas de arroz pero con la tripa del cerdo.

Cógele el gusto y prueba todo lo que veas, cuanto más raro mejor. ¿O te has recorrido medio mundo para comer hamburguesa y patatas fritas? Es barato, práctico y encima divertido. Yo cuando descubrí que mi salchicha era de arroz me entró un ataque de risa que casi echo los granos por la nariz.

El barrio chino

Si quieres una escafandra de buceo para perros, el barrio chino es tu lugar. Yo aparecí ahí por error. De camino al metro una fuerza me arrastró casi sin darme cuenta hacia el interior de un mercadillo inmenso del cual no fue nada fácil salir. Había de todo, pero de todo. Una réplica exacta de tu pene en 20 minutos, álbumes de fotos con fotos dentro, luces, cables, clavijas, disquetes de ordenador,… Me podría haber tirado allí días, uno por la fascinación y otro porque no había manera de salir de aquel laberinto húmedo y oscuro lleno de tenderetes. Hay otro mercadillo aún más grande que se monta los fines de semana al norte, en Chatuchak. No me lo quiero ni imaginar.

 

Esto es un breve resumen de algunas de las muchas cosas que se pueden encontrar en esta caótica y maravillosa ciudad. Si quieres complementar la guía de alguna manera, o simplemente dar tu punto de vista, no dudes en dejar un comentario. ¡Los respondo todos! 😀

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