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Falco es un ingeniero alemán de 31 años que un buen día se cansó de su curro y decidió venderlo todo para irse de viaje sin fecha de vuelta por Asia.

A pesar de cambiar 8 horas de oficina por un paraíso tropical de playas y palmeras, no tenía la menor intención de pasarse sus días de viaje ni metido en chiringuitos bebiendo piñas coladas ni dormitando en una hamaca. Su plan era tener una experiencia que le conectara con la cultura local. Contribuir en un entorno con menos oportunidades y aportar algo que pudiera mejorar las vidas de otras personas.

Coincidí con él trabajando como voluntario en un colegio del centro de Tailandia. Ambos eramos profesores de inglés en distintos centros. Falco pasaba olímpicamente de la pizarra. Agarraba su guitarra y empezaba a cantar, improvisaba canciones con los chavales o les ponía a bailar. Los profes locales alucinaban en los colores. El tío se inventaba las clases de cabo a rabo.

Cuando le pregunté acerca de su viaje resulta que no solo se inventaba las clases, sino que también se inventaba trabajos sobre la marcha.

¿Cómo dices? Cuéntame más.

Las páginas típicas para encontrar un voluntariado, o trabajo de intercambio, no siempre llegan a todas partes. En lugares con un acceso a Internet muy justo, como en zonas rurales del Sudeste Asiático, lo más probable es no encontrar nada vía online. Pero eso no quiere decir que no haya necesidades esperando encontrarte. 

 

DE INGENIERO A CONSULTOR TURÍSTICO

 

Viajando por Laos, Falco me comentó que le vino a la cabeza este pensamiento acerca de los trabajadores locales del sector turístico: ‘Esta gente, aún con toda su buena intención, no entiende como pensamos los turistas occidentales’.

Sin pensárselo mucho se preparó una batería de propuestas para ayudarles con sus negocios, todo a cambio de poder hacer algún tour o excursión gratis con ellos de vez en cuando. Cuando recalcó que si hacían algo diferente tendrían mejor aceptación por parte de los los turistas todos querían saber más.

LAS PROPUESTAS

  • Les invitó a ayudarles a abrir un perfil en la páginas web de trabajo colaborativo (Workaway, HelpX, etc.) para captar voluntarios interesados en trabajar a cambio de alojamiento y manutención. Así podrían tener a alguien detrás de la recepción con un buen nivel de inglés durante gran parte del día, que pudiera diera más confianza a otros turistas occidentales, a coste prácticamente cero. Muchos tenían camas o habitaciones sin usar, por lo que no había problema.
  • Les aconsejó que consiguieran tiendas de campaña para hacer excursiones de más de un día  y que los turistas poder disfrutar no solo del paseo sino también de amaneceres, fogatas nocturnas, etc. Totalmente nuestro rollito occidental 🙂
  • Les propuso que llevaran algún regalo a las excursiones. ¿Cuánto valor damos a alguien que se saca una bolsa llena de plátanos después de horas de caminata? Mucho más de lo que cuesta un plátano, seguro.

Y así fue como estuvo varias semanas viviendo con una familia local sin gastar un duro en Vang Vieng, un pueblito muy turístico de Laos. Todo por contarle a las agencias de viaje qué es lo que los occidentales valoramos cuando viajamos.

Allí flipaban, pero le hicieron caso; y tanto él, como las agencias, como los viajeros encantados con las nuevas propuestas.

Después de eso le perdí la pista, pero sé que lo último que está haciendo son duchas calientes por el sur de Camboya, haciendo pasar parte del agua de los pozos por los tejados de las casas. Al ser tejados de chapa, la parte exterior abrasa literalmente durante todo el día.

‘Hasta la bomba para subir el agua estaba allí, Pablo. Solo necesitamos cuatro tubos y un par de barreños y ya lo teníamos montado’.

Parece que no le salió del todo mal el invento, ¿verdad? 🙂

¿Sientes el gusanillo de pasar a la acción? ¿Qué puedes hacer tú?

Es posible que después de leer ésto sientas una llamada impetuosa de ponerte las pilas y hacer algo diferente en tu próximo viaje.

Como la primera vez siempre es la más difícil, he redactado una guía sencillísima para que puedas orientar tus pasos hacia tus propósitos. ¿Cómo identificar las necesidades de otras personas? ¿Qué puedo hacer yo? Vamos a ello.

Paso 1: Identificación. ¿Qué puedo hacer yo?

Este paso lo vamos a partir en dos etapas.

La primera es: ¿Qué te gusta o que te gustaría hacer?

Sin restricciones. ¿Te gusta bailar? ¿Hablar sin parar? ¿Irte de fiesta? ¿Te gustaría estar más en contacto con la naturaleza¿ ¿Trabajar enseñando en un cole? ¿Llevar algo característico de tu país y ofrecérselo al mundo?

Pon el foco en lo que te gustaría hacer, seguramente encuentres más y mejores maneras de contribuir y de crear algo útil que si es algo que no te interesa lo más mínimo.

Y la segunda: ¿Qué cualidades tienes?

¿Hablas muchos idiomas? ¿Eres capaz de generar confianza entre los demás? ¿Sabes de ordenadores? ¿Puedes aguantar varios días seguidos despierto hasta las tantas de la madrugada?

Ahora que ya tienes todo orbitando en tu cabeza, vamos a aterrizarlo y a clarificar.

Coge un folio, ponlo en horizontal y haz una linea por la mitad de arriba a abajo que divida la hoja en dos mitades. En un lado apunta qué es lo que te gustaría hacer, en el otro qué cualidades tienes.

Una vez hecho esto, tu reto, en lo que te va a tocar pensar e imaginar, es enlazar lo que te gustaría hacer con lo que sabes hacer, y que a su vez aporte un valor real allí donde estés.

Supongamos que te gusta irte de fiesta, te encanta rodearte de gente y encima eres una crack haciendo amigos y hablando con la gente. Tal vez puedas probar a dinamizar eventos nocturnos en bares o albergues, ¿qué te parece?

Paso 2: El circulo vicioso. Prueba y escucha

Intentarlo muchas veces es algo que no falla, lo dice la estadística, que por algo es una ciencia.

Ya tienes tu primera propuesta, es momento de salir a la calle con ella.

Tienes muchas papeletas de que aunque tu idea sea algo genial y revolucionario no todo el mundo esté preparado para lanzarse a la piscina. Es normal, y por eso vas a tener que probar y probar hasta dar con la persona indicada.

Lo que ocurre también es que tus ojos son ojos de fuera. No pretendas que vean la realidad como la ven los ojos de la gente local. Sois personas diferentes, por eso el segundo punto es fundamental: escuchar. Cada vez que le ofrezcas tus servicios a alguien y no le acaben de convencer del todo aprovecha y pregunta: Ok, ¿qué es lo que necesitarías entonces?.

A lo mejor presentas un super plan para dinamizar fiestas de lo más bailongo, pero en el pueblo donde has ido a parar son más de cantar. ¿Qué tal si en vez de algo tan enfocado al baile les propones organizar un concurso de karaoke por equipos entre locales y turistas?

Escucha con atención, recaba toda la información posible, reformula tu propuesta y sigue intentándolo. Confía en la estadística, que no falla. Si no eres muy cabezota y te adaptas a las necesidades de los demás lo normal es que acabe por funcionar.

Si has llegado hasta posiblemente es porque te apetezca un poco de acción que transforme tu experiencia viajera.  Salir del rol espectador e involucrarte con las vidas y el día a día de las personas de tu alrededor.

Mi consejo es que pruebes. En el fondo todo esto no es más que un juego con un montón de beneficios ¿Cuáles? Aquí tienes algunos:

  • Ahorrar en costes de viaje (por si te interesa). Tu aportas tiempo y creatividad a cambio de lo que acuerdes como intercambio.
  • Pasar a otro nivel en cuanto a interacción con la gente local y sus modos de vida
  • Libertad total para crear algo relacionado con un tema que a ti de verdad te importa.

Con esta guía, una libreta y un boli tienes entretenimiento del bueno para poner la mente a funcionar. Hay quienes lo hacen para ahorrar dinero, otros porque tienen una idea que les gusta pasear por el mundo y otros, como yo, por diversión. ¿Cuál es la tuya? Venga, ¡cuéntanoslo!

Pablo Bienz

Pablo Bienz

Tengo la convicción de que el mundo se mueve hacia una escala de valores cada vez más humana.

Escribo con el propósito de conectar a todas aquellas personas que quieren dejar de imaginar para pasar a ser partes activas de un cambio real.
Pablo Bienz
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