Seleccionar página

“El desarrollo constante es una norma de la vida. Una persona que trata de mantener sus dogmas para mantenerse inalterable se conduce irremediablemente hacia la falsedad”
– Mahatma Gandhi

 

 

Recibir una crítica es mágico.

Primero es una oportunidad de saber más sobre algo tuyo. Algo que has hecho, piensas o te define como persona.

Lo segundo es porque nadie critica nada que le resulta indiferente, así que enhorabuena, tu historia no es un bodrio infumable del que la gente pasa página.

Ahora bien, por qué es tan sumamente difícil recibir una crítica o feedback?

 

Sí, gracias.

 

Durante medio año estuve impartiendo talleres sobre nuevas metodologías educativas a profesores de colegios e institutos.

Una de las dinámicas consistía en que un grupo de personas recibían feedback acerca de una actividad que habían creado para el resto de participantes. La regla es que sólo podían decir sí, gracias.

Sólo había que escuchar y agradecer con una sonrisa.

Me gustaría tener aquí las fotos de sus caras, desgañitándose, retorciéndose como culebras y en definitiva sufriendo. Todo por no poder justificarse con cosas del tipo ‘es que no me ha dado tiempo a acabarlo bien porque blablabla’.

 

El por qué de la regla del sí gracias

¿Cuando preguntas algo lo haces para escuchar la respuesta o para pensar en la replica que vas a dar después?

Supongamos que alguno de estos profesores receptores de la actividad expresa que estaba perdido en la porque no entendió la explicación.

Reacción habitual por parte de la organizadora: Empezar a maquinar en el cerebro una respuesta para justificar que aunque tenía las instrucciones no las pudo imprimir por la razón que fuera.

Resultado según la reacción habitual:

1. El cerebro no es capaz de gestionar dos cosas a la vez, así que mientras prepara la excusa perfecta obviamente no está haciendo ni caso a lo que la otra persona está diciendo.

2. Cuando alguien no se siente escuchado directamente deja de tener interés en compartir una opinión. Se esfuma. Y nosotros nos quedamos sin conocer realmente las sensaciones de las personas para las cuales hacemos lo que hacemos.

 

El momento crítico: Atreverse a saber más.

Hay un momento clave para lo cual es fundamental conocerse un poco.

Nos lanzan una crítica que nos revuelve el estómago. No importa si es cierta, si no; la verdad de todo esto es que uno se mira por dentro y siente como sube la bilis, el estómago se le hace un nudo o la cara se le pone roja, por ira, por vergüenza o la razón que sea.

Esas emociones son saboteadoras de cinturón negro, porque nos impiden saber más.

Tenemos entonces el momento de la bilis, donde estamos a punto de rugir como el león de la Metro Goldwyn Mayer a aquel o aquella que ha tenido la osadía de meterse en nuestros asuntos.

Asumámoslo. Nadie quiere sentirse un pringao, o que le digan algo que cuestione horas y horas de trabajo en un proyecto tal.

La naturaleza de nuestra educación hace que sea así, el ego es muy poderoso. Para conseguir lo contrarío hay que empezar a currárselo.

 

Vía A. Un paso más y saco a los perros

– Pablo, creo que tu forma de escribir es infantil

+ ¿Pero es que tú has escrito algo alguna vez?

Mensaje claro: Pírate.

Una respuesta suavizada pero con las mismas consecuencias:

+ Bueno, escribo infantil porque creo que así tengo un contacto más cercano con la gente.

Mentira podrida. Lo que no quiero es meter la cabeza en una conversación en la que puede que me cambien la visión, me hagan replantearme conceptos o sufra. No tengo el valor para meterme en semejante jardín

Pero en realidad todo esto aflora porque yo he decidido sufrir, porque yo he hecho que lo que escribo me defina como persona y que mi Pablo escritor de porcelana acabe hecho añicos no es el plan que me mola para esta tarde.

¿No es un poco ridícula toda esta amalgama emocional?

En realidad yo quiero aprender a escribir bien, escribir de forma infantil no es algo que persiga. ¿Por qué no dar la cara a lo que otra persona tiene que decir en vez de girarla?

 

Via B. Limpiar el camino de hojas.

– Pablo, creo que tu forma de escribir es infantil

+ La verdad es que últimamente estoy probando con diferentes registros pero no acabo de dar con la tecla, ¿cómo lo ves tú?

No solo te voy a escuchar, sino que te encima te voy a limpiar el camino de hojas para que te despaches a gusto.

Si alguien quiere darte una opinión sobre algo que a tí te importa eso es ORO PURO. ¿De verdad vas a rechazarla para salvar tu ego o una situación potencialmente incómoda?

 

Es imposible agradar a todo el mundo

– Hola, su vestimenta es de auténtica vergüenza

+ Ok, gracias, que tenga un buen día.

Como en todo, existe la posibilidad de recibir un feedback poco valioso, ya sea porque es un tema que no te interesa lo más mínimo o porque para tí aporta poco valor a lo que ya sabes.

Nunca te ha pasado que ves algo en los medios de comunicación sobre un tema que dominas y te sale un institivo “ésta gente no tiene ni idea”.

El mundo es como un campo de trigo. Hay paja y hay grano.

Para saber qué vale y qué no solo se me ocurre una solución: probar todo el rato.

Escuchar todo tipo de opiniones, ver con cuáles te quedas, por qué y asumir que siempre habrá opiniones que no se alineen contigo sin darle mayor importancia.

 

Practica la escucha activa.

Con todo esto que llevas leído vamos a empezar a jugar, desde hoy mismo. ¿Cómo? Pues escuchando mucho.

Cada vez que estés en una posición de recibir una opinión externa sal un poco del plano de tú a tú. Mírate desde fuera y analiza la dinámica de la conversación.

¿De qué manera interactúas? ¿Ayudas a la otra persona a dar su opinión o por el contrario la frenas, cortas o expulsas?

1. Identifica cada momento en el que te justificas. No te aporta absolutamente nada útil.

2. Analiza bien lo que te cuentan, no quien te lo cuenta. Sé sincero o sincera contigo misma, si lo que te cuentan tiene sentido, aunque te revuelva las entrañas, dale un par de vueltas que posiblemente las merezca.

3. Recaba el máximo de información, mete en un cajón lo que te interesa y guárdalo como una herramienta disponible para cuando quieras utilizarla.

4. No te atribuyas la crítica como algo personal. Si alguien dice que cocinas de pena, en todo caso solo significa que no le gusta -subjetivo- lo que ha probado -no necesariamente todo- de lo que tú cocines . Personalizar las críticas hace muy difícil ponerse a escuchar. Deslígalas de tu persona.

Foto: http://www.bonkersworld.net/

Pablo Bienz

Pablo Bienz

Tengo la convicción de que el mundo se mueve hacia una escala de valores cada vez más humana.

Escribo con el propósito de conectar a todas aquellas personas que quieren dejar de imaginar para pasar a ser partes activas de un cambio real.
Pablo Bienz
Share This

¡ÚNETE A LA COMUNIDAD!

 

¿Quieres que te avise de lo que voy publicando además de recibir contenido exclusivo?

-

Ni Spam ni nada que se le parezca. A mi tampoco me gusta.

¡Enhorabuena! Ya estás suscrito/a :)